A lo mejor debería dejar de engañarme a mí misma y admitir que nunca dejé de estar enamorada de él, o a lo mejor debería desengañarme e intentar seguir adelante, dejándole por fin detrás.
A lo mejor debería volver a ser inocente e ingenua y volver a dejarme llevar, o a lo mejor debería madurar…
Dos semanas con la cabeza en otro sitio creo que me van a venir mejor de lo que pensaba .
Cuando lo empecé, yo ya sabía que iba a acabar. Sabía que era facilísimo hacer castillos en el aire, sabía decir lo que querían que dijera, lo había repetido tantísimas veces que hasta yo misma creí que me gustaba.
Como en el cuento de la lechera, se me cayó el cántaro y se me rompió en mil pedazos.
Lo que la lechera no sabía es que éstas cosas se pueden reconstruír con paciencia y tiempo y, aunque no reconstruyamos un cántaro, podemos construír tantísimas cosas con los pedazos rotos que hemos recuperado.
Hay cosas, hay gente que se queda en el camino… ¿y quien nos dice que no podamos añadir pedazos nuevos a nuestra nueva obra de arte?.
Tan solo espero que quede bien y que la sepáis apreciar, porque ésto es un camino sin retorno y con los días contados.
Y cada mañana es el comienzo de un nuevo día, todo… todito para mí, mis 24 horas .
Quería escribir algo inteligente, algo provocativo…, pero la verdad es que últimamente apenas me sale escribir nada. Son muchas veces, quizá demasiadas, las que intento hacerlo, veo la hoja en blanco, pero apenas he escrito dos o tres palabras, las ideas se van y no me da tiempo a ordenarlas…, las olvido.
No sé a qué se debe…, solo sé que en mi cabeza existen demasiados nombres y creo que hasta que coloque a cada uno en su lugar, no voy a poder dormir tranquila.
Nunca te paras a pensar las cosas detenidamente hasta que suceden. Anoche, entre 33.000 personas le eché más de menos que nunca. Recordé cada una de sus miradas y de sus gestos, cada una de las palabras que nos hemos brindado a lo largo de los años y, lo en serio que dije el otro día unas palabras que soñaron más a mofa que a realidad.
Anoche la nuestra canción no me sonó igual. Me sonó mucho más triste sin sus brazos agarrándome, sin sentir su respiración en mi nuca y sin sus labios rozándome el cuello.
Anoche, por primera vez, me di cuenta de lo mucho que lo echo de menos y lo mucho que lo voy a seguir echando de menos.
Sé que los años no pasan sin que nos demos cuenta y, aunque parece que fue ayer, han pasado casi 6 años de mi primera vez.
Sé que esta noche no va a ser ni parecida a la de hace 6 años, que él esta vez no va a estar, estarán otros, ellos no, o sí, pero no conmigo.
No sé cómo va a ser esta noche, ni cómo me sentiré mañana, pero sé que tengo muchísimas ganas de volver a verlos, aunque Golfa no me sonará como me sonó entonces.
Ya no queda nada de ayer
porque el viento se lo llevó.
Hay noches que son tan largas… en las que las pocas ganas de dormir y las muchas ganas de razonar hacen que los minutos se hagan eternos.
La reflexión no ayuda a conciliar el sueño. El no saber qué querer, no saber en qué o quien pensar, tan solo notarse mal y sentirse peor.
Creer que había algo cuando no lo hay, tenerme que convencer que hay solo amistad, aprender a vivir con ello, olvidar algunos sentimientos y no volverme a dejar llevar… nunca más.
Quererlos cuando no me quieren y echarlos de menos cuando no están. Agobiarme por no ser quien quiero, por el miedo y por ser siempre la otra. Repasar mentalmente cada uno de los momentos, tratar de adivinar qué es lo que ha fallado, tener la certeza de que siempre falla algo y nunca saber qué va a ser lo siguiente. Convencerme de lo realmente importante, lo que me hará olvidar aún está por venir…
Esperanza en el nuevo mes, en el nuevo verano y en el nuevo año.
No tener miedo a ir sola y a estar sola.
Ser consciente de lo que yo misma soy capaz de cualquier cosa.
A veces pienso que soy demasiado impulsiva. Otras que soy demasiado miedosa. Pero muchas de esas veces los impulsos y el miedo se unen en una melodía y consiguen que haga grandes cosas, grandes locuras.
Y a veces sin ella ni siquiera sería impulsiva…, ni tendría miedo. Pero su inoportuna presencia consigue que pasen cosas muy oportunas, que nos encontremos oportunamente con cierta gente y que una noche sin demasiadas espectativas consiga convertirse en una noche de infames y eléctricas locuras.
“Ya no tengo solución
sé que no tengo remedio
rock’n'roll para ser libres
como el viento”
“Cuando uno pulsa una cuerda de guitarra ésta sigue vibrando por un tiempo y luego vibra el silencio y es difícil saber cuándo deja de vibrar el silencio. A veces creo que cierta chica ha dejado de vibrar pero entre más me alejo más fuerte es su silencio.”
Dicen tantas cosas que terminas por creerte todas y no confiar en ninguna. Dicen que cuando no eres capaz de controlar tu vida, controlas tu pelo… 27€ han hecho que esté todo en orden. Dicen que los cambios son buenos, solo me queda un cambio por hacer y todo parece que irá mejor…
Pero no sé por qué todo este control y todos estos cambios no hacen que me sienta mejor conmigo misma. Quizá me esté equivocando en los cambios o quizá es que en realidad eche de menos algunas cosas que ahora mismo no puedo tener tan cerca como quisiera. Puede que nunca quiera decir que necesito a ciertas personas cerca porque no me gusta que la gente esté pendiente de mí en determinados aspectos, lo que sí me gustaría que es cierta gente se diera cuenta de que a veces la necesito sentir al estirar el brazo y no solo a través de las palabras.
Siempre llega esa época de estrés en el que todo se te escapa de las manos, sobre todo el tiempo, y todo te parece poco.
Ahora solo me queda tomármelo con calma, pensar detenidamente las cosas y tomar las decisiones acertadas.